Ciencia ciudadana

La ciencia ciudadana se puede definir como la investigación científica que se realiza gracias a la colaboración entre científicos y ciudadanos voluntarios.

En el ámbito de la biodiversidad son muy numerosas las actividades de ciencia ciudadana, particularmente las relacionadas con el registro de presencia de especies. Internet y la generalización del uso de dispositivos móviles como teléfonos y tabletas ha propiciado un gran desarrollo en las actividades de ciencia ciudadana, facilitando la participación de cualquier persona interesada.

Según el grado de implicación de los ciudadanos voluntarios se pueden distinguir diferentes tipos de proyectos, como por ejemplo los diseñados por científicos en los que los ciudadanos participan en la recogida de datos —proyectos contributivos—; proyectos estructurados por los científicos en los que se ofrece a los ciudadanos oportunidades y herramientas para participar en el diseño del proyecto, la recogida de datos y su análisis —proyectos de colaboración—; y proyectos en los que los ciudadanos participan en todas las etapas del proceso científico —proyectos co-creativos—. Así, Liquencity·2 es un proyecto contributivo.

La ciencia ciudadana permite a la sociedad avanzar en una mejor comprensión del entorno, de la propia significación de la ciencia, de los servicios ecosistémicos o de los riesgos ambientales, y a menudo conlleva una mayor implicación en la conservación del entorno y la mejora de la salud ambiental por parte de los ciudadanos. Así, en este proyecto, alumnado y profesorado de Educación Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, así como público general que quiera participar en el proyecto, de estas tres ciudades analizarán durante varios meses de este curso escolar los líquenes que existen en cada territorio y su papel como biodindicadores de la calidad del aire. Esto permitirá que se sientan parte del proceso científico de creación del conocimiento (mapas de contaminación por ciudades), ya que son los propios ciudadanos los que realizan las observaciones, y aprendan sobre biodiversidad urbana, al tiempo se concienciará a la población urbana de los efectos de la contaminación del aire. Beneficia, por ello, tanto al colectivo científico como a la ciudadanía.

Los mensajes de los ciudadanos se transfieren de «abajo hacia arriba» de diferentes maneras: hacia sistemas centralizados, utilizando tecnologías de comunicación como las aplicaciones móviles —en nuestro caso Liquencity·2 —, o poniendo en contacto a la ciudadanía con los gestores ambientales y los investigadores. Esto tiene implicaciones que van más allá de las puramente tecnológicas: constituyen un incremento de facto del poder de la sociedad, que puede comportar cambios en los modelos de gobernanza, especialmente en el ámbito de las políticas ambientales. Así, integrando a estudiantes en la ciencia ciudadana, se les hace partícipes del proceso de la ciencia, de la situación ambiental de su barrio y ciudad, empoderándoles y facilitando su formación científica.

En Reino Unido se ha demostrado el poder de la ciencia ciudadana para detectar y cuantificar los impactos de la contaminación atmosférica en un amplio territorio, y específicamente para contribuir a entender mejor el comportamiento de los líquenes frente a diferentes contaminantes químicos. Y en la primera fase de Liquencity, más de 2000 personas han contribuido a conocer la diversidad de líquenes de los distritos de Madrid y Barcelona.

RECURSOS
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